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Qué tiene que tener una fotografía | Romina Guarda

Cómo se ve una foto, cuán importantes son los personajes, en qué condiciones se sale al mundo con la cámara; cuánto se controla la fuente lumínica, cuánto se edita. La serie de entrevistas «Tiene que tener» continúa con la fotógrafa y tallerista Romina Guarda.


Por Nahuel Karg


«Sacar fotos es de las cosas más puras que puedo hacer», me dice Romina Guarda, una tarde nublada de febrero del 2021. En su recorrido se cuentan publicaciones digitales en Italia y Brasil, premios en Malaga (Fundación Asisa, por la colección “El tercer Cuerpo”) y proyecciones en España y en Buenos Aires.


Refiere que no le interesa particularmente lo narrativo, ni expandir el registro fotográfico al plano ficcional, ni editar demasiado en el post («quizás unas luces altas: nimiedades»). De sus respuestas aduzco que la fotografía –ese recorte espacio/temporal, pero también ese esperar las condiciones justas– constituye para ella un fin en sí mismo: que es suficiente el territorio de cada una –los límites de ese recorte– para explicar las profundas relaciones que se encierran en cada plano.

Que cada foto es el mapa, y que cada foto es el territorio.


Pero eso lo supongo yo, viendo las fotos.

Le preguntamos a ella, entonces, siguiendo la investigación de procedimientos.



–A la hora de sacar una foto, ¿cuánto hay de narrativo, cuánto hay de estético, cuánto de balance, cuánto de registro?

–De narrativo te diría que casi nada; eso puede pasar en una instancia mayor, si ya estoy metida en una serie. Al principio es todo muy intuitivo para mí. Empiezo con pequeñas cosas, con pequeñas señales, digamos, que la vida me vaya dejando, o personas que aparezcan y de repente me llamen la atención, o sienta que algo nos están comunicando. Y todo eso intento empezar a plasmarlo en la foto.


–El tema de los personajes, de los modelos, de las personas que están en el interior de la foto. ¿Cuán importante es eso dentro de la estructura?

–Es importante, porque yo retrato los vínculos. Entonces hablo mucho con las personas que retrato. Hablamos antes de hacer las fotos, tenemos instancias en las que nos vemos, charlamos de cualquier cosa. Y después nacen las fotos. No sé si como resultado a veces de esa charla, pero es un complemento más para mí.


–El tema de la edición, puede ser una foto propia o ajena. ¿Qué es lo primero que ves en una foto? ¿Ves el contraste, la estructura, los colores?

–Yo fotografío en blanco y negro. Mayoritariamente: el 98 % de mis fotos son en blanco y negro. Entonces generalmente creo que estoy pensando en la tonalidad. El color no es algo muy significativo para mí, nunca lo fue. De hecho, yo sueño en blanco y negro. Entonces a mí me cuesta mucho fotografiar en color: no veo lo mismo. Veo demasiada belleza en el color, que me encanta y que en algunas personas funciona perfecto, hay fotografes que lo manejan muy bien, pero en mi caso veo que hace que mis fotos sean demasiado hermosas, y a mí me interesa la profundidad. O qué pueden decir, o la relación íntima que hay. Y creo que en ese caso a veces el blanco y negro a veces aporta algo. Otra veces no: otras veces la foto podría haber sido blanco y negro o color y estaría bien igual, sentiría que tiene eso que tienen que tener las fotos para que perduren, que tiene que ver con el alma de la imagen, con la necesidad que el fotografe pueda tener a la hora de hacerla. Lo importante está en que sean genuinas, y respetar a veces los colores que las imágenes nos están dando. Y eso lo digo porque muchas veces yo trabajo en analógico, entonces lo que pasa, lo que hay en el negativo no es lo que va a haber en un escaneo, y muchas veces menos en una copia. Y menos si todo eso lo estamos viendo en un monitor. Entonces creo que a veces hay que tratar de respetar la primera imagen, que es la del negativo, y llevar esos colores a la naturalidad.


–Las condiciones lumínicas. Vos manejás el natural, ¿cómo maniobrás eso? ¿Vas abriendo el ISO, cambiás el rollo según el día?

–Una vez que yo pongo un rollo en la cámara es el que voy a usar. Generalmente son de 400 ASAS, o de 100, depende. Y ya está. No puedo ajustar nada. Al no laburar con digital yo no tengo manera de registrarlo. Pero igualmente no es algo que me preocupa. Me gusta buscar la luz natural en el horario que me interesa y ya está. O sea, me arreglo con lo que tengo. Siempre me traté de adaptar al medio. Y tratar de estar, más que tratar de controlar por ahí el ISO, o la fuente lumínica. A veces por ahí que también se impregne la fuente lumínica de lo que estamos haciendo, que es luz, y es super importante darle un espacio. Quemar las fotos, para mí está bien. Hay que hacer lo que hay que hacer, muchas veces. Y permitirse, no controlar tanto, en lo técnico.


–En cuanto a procedimientos. Me gustaría que sigas con esto que decías de las condiciones en las cuales te gusta hacer una foto, o las condiciones en las cuales salís al mundo. El tema del granulado, por qué elegís el analógico…

–Yo hago fotos analógicas porque en algún momento las había hecho, me había gustado. Eso fue hace mucho, estamos hablando del año 2006, 2007. Y hubo algún momento en que yo me perdí, y empecé a hacer fotos digitales. Y digo que me perdí porque la cámara digital en mi caso a mí me sacó. Me sacó mi esencia para hacer fotos, y eso me costó muy caro. Me costó compararme con personas, empezar a hacer fotos demasiado publicitarias, cosa que no hacía en sus primeros inicios. Entonces para mí, volver a la foto analógica, ya desde el 2013, es como que me hizo sentar de nuevo las bases donde estoy yo. Y que ése es el tipo de foto que quiero hacer. Más allá de la textura que me pueda dar el grano, creo que tiene que ver con que me gusta esto de no controlar, ¿no? Dejar que la foto se haga, que tenga su tiempo para disparar, no sacar quinientas fotos… Me interesa, si tengo un rollo de formato medio hacer doce, y que esas doce sean con las que me voy a quedar realmente. Es darle el tiempo, el espacio a las cosas, y a la fotografía que, para mí, es eso: percibir, estar intuitivo, estar en un estado que no es el de la normalidad de la vida que nos propone por lo menos acá en la ciudad. Es un estado más contemplativo.


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Taller de fotografía de Romina, «Aire, luz, tiempo y espacio»