• Centro Hausa

El espejo adelantado

Reseña de El estado del Estado, de Diego Sigalevich Caton (Editorial Mansalva)

por Antonio González Mendiondo


Si el caso Nisman por momentos tuvo o tiene algo del affaire Dreyfus (sobre todo por la polarización extrema de la opinión pública en relación con la interpretación de lo sucedido), El estado del Estado de Caton probablemente tenga algo del Yo acuso; pero de un Yo acuso travestido, vertiginoso, dislocado, que no expone hechos reales o nombres concretos sino que opta por ubicarnos frente a un mural desmesurado y al mismo tiempo comprimido, realista y alucinado, donde el presente socio-político argentino reciente se vuelca en clave de la más aguda paranoia. Doce capítulos breves que más que narrar panean raudos pero con precisión quirúrgica sobre una serie de eventos tragicómicos donde se recorta un personaje como excusa para retratar un caos colectivo que en realidad encubre una forma perfecta, eso sí, perfectamente sórdida, oscura, ruin. Como en Entre hombres de Maggiori, pero con un mayor calado sociológico que remite al Fogwill de Urbana o Vivir afuera, o al policial duro y minucioso a lo James Hardley Chase, vemos entrecruzarse una multiplicidad de tramas, una maraña a una primera lectura inextricable en la que sin embargo personajes y hechos nos suenan fatal, fantasmalmente: el tratado nuclear de EEUU e Irán, los asesinatos de Charlie Hebdo, el memorándum de entendimiento con Irán, Patricia Bullrich y Lagomarsino, Magnetto o Parrilli, todos están y no están, son y no son, mientras los vemos actuar en una sucesión caleidoscópica e implacable en el que cada movimiento forma parte de un ajedrez de intereses que no se clausura nunca y siempre parece remitir a algo más allá. Tratado de alta política lumpen, lectura hiper conspiranoica de la realidad argentina, apoteosis de unos nada serviciales servicios, El estado del Estado nos pega el célebre cross a la mandíbula arltiano y nos deja medio aturdidos, como dijo alguien por ahí, exhibiendo la imposibilidad de comprender cuando la clarividencia ciega.