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Clásicos que salieron de prisión

Pequeña revisión de los pasos por prisión de Fiódor Dostoievski, Miguel de Cervantes Saavedra y William Burroughs, en tanto probable posición de origen de clásicos de la literatura.


Por Nahuel Karg



La cárcel como un punto, de final o de partida –en ese orden–. Como consecuencia de la vida política/social/literaria de un escritor –si no el final del tercer acto, por lo menos el comienzo; Oscar Wilde y Miguel Hernández como ejemplos–, pero la cárcel, también, como encierro previsto a la exploración obsesiva de un tópico –la Historia general de las drogas de Escohotado con eslabón cercano de una serie inabarcable y mundial–.


Hubo, habrá, libros escritos en prisión: el Libro de las maravillas del mundo de (Marco Polo/Rustichello de Pisa, 1298), El Príncipe (Nicolás Maquiavelo, 1513), Diario de la prisión (Ho Chi Minh, 1943), El Diablo en la cruz, (Ngũgĩ wa Thiong’o, 1980). Y escritores que fueron y vinieron de la ley: el caso paradigmático de Gregory Corso asaltando la librería City Lights de San Francisco, su propia casa editorial; y la respuesta de Ferlinghetti, el responsable de la misma: retenerle los derechos de autor por el monto del robo. Pero hay tres casos, sobre los que nos explayaremos debajo, que implican un punto de giro en la vida del escritor, y en los cuales el encierro cifra el nacimiento de un salto de conciencia, que posibilitará una obra con destino de clásico. Los ejemplossss:




  1. Dostoievski ante el pelotón de fusilamiento


23 de abril de 1849, Rusia. El arresto de decenas de miembros de un círculo clandestino de intelectuales progresistas, que se proponían el derrocamiento del zar Nicolas I, lleva a la cárcel a Fiodor Dostoievski. El grupo estaba liderado por Mijaìl Petrashevski, y a Fiodor lo llevan a la fortaleza de Pedro y Pablo en San Petersburgo. La sentencia inmediata para veintiún de dichos miembros, entre ellos el escritor de El doble (1846) y Noches blancas (1848), es la de pena capital: muerte mediante fusilamiento.


Hubo, sí, una conmutación posterior de la condena: en lugar de muerte, cinco años de trabajos forzados en Siberia y la obligación de cumplir el servicio militar como soldado. Pero el zar ordena no informar la condonación a los sentenciados «hasta llegado el momento en que el reo estuviera preparado para el cumplimiento del castigo». Fue así que el 22 de diciembre de dicho año Dostoievski llegó a formar parte del pelotón de fusilamiento con base en la plaza Semiónovski, de San Petersburgo. El simulacro atroz del que formó parte el grupo, siendo avisados del perdón por un jinete mientras estaban ya preparados en el patio, junto a una pila de ataúdes, dejó en varios de ellos secuelas de gravedad, y se especula que los ataques epilépticos del escritor podrían haber tenido principio en tan cruda tortura.


En una carta a su hermano el mismo día de la no ejecución, Dostoievski escribió: «Hermano, he sufrido ya tanto en la vida, que ahora hay pocas cosas que me asusten. (…) Hoy he permanecido tres cuartos de hora a las puertas de la muerte, los he vivido pensando en esta idea, me he encontrado ante el último momento, ¡y otra vez vivo!»


Dostoievski fue posteriormente enviado a una kátorga, uno de los campos de Siberia en los que el reo, ya desposeído de su condición de noble, cumple su pena en grilletes, con trabajos de minería y construcción.


Con la muerte de Nicolas I en 1855, el escritor fue recuperando derechos, y en 1857 logró ser licenciado del servicio militar, pudiendo regresar a Rusia –primero a Tver, a orillas del Volga, y luego a San Petersburgo–, donde edificaría bajo el impulso de una furiosa ludopatía y de una serie de talentos improbables, sus obras capitales: Crimen y Castigo (1866) y Los hermanos Karamazov (1880).



2. MIguel de Cervantes Saavedra, esclavo


Cinco años estuvo aprisionado Miguel de Cervantes Saavedra, y cuatro veces planificó e intentó huidas fallidas. Apresado en su galera Sol por una flotilla turca el 26 de septiembre de 1575, mientras se dirigía de Nápoles a España, el entonces soldado y comerciante fue dispuesto de inmediato como esclavo en Argel junto con su hermano Rodrigo.


Las peripecias del futuro escritor en la capital de Argelia durante esos cinco años consisten en territorio fértil para el revisionado. Se conservan registros de su actividad presuntamente heroica, y de los sucesivos intentos por escapar, por el libro Topografía e historia general de Argel (1612) de Diego de Haedo. Cuevas ocultas, galeras dispuestas para la liberación apresadas, renunciamientos históricos de Cervantes para que sea su hermano el liberado, mercadores venecianos con fragatas para la emancipación de decenas de esclavos, dos intentos frustrados a último momento por sucesivos traidores, y finalmente la liberación, cuando Cervantes ya estaba en un barco «con dos cadenas y un grillo» con rumbo a Constantinopla (donde cualquier huida hubiera sido imposible) y el Fray Juan Gil llegando con los 500 escudos, justo a tiempo.


La Historia puso luego en discusión la autoría de la obra de Haedo, y se citan como probables autores a Antonio de Sosa (compañero benedictino del futuro escritor) y al propio Cervantes, cuyo estilo coincide y cuyo móvil por engrandecerse cuajaría.


Como sea, las aventuras de Cervantes, con o sin IVA, no comenzaron en Argel, ni terminarían con su vuelta a España. Trabajando luego como recaudador de impuestos atrasados fue encerrado, a fines de 1597, en la Cárcel Real de Sevilla, luego de la quiebra del banco en el cual depositaba la recaudación. Se supone que fue en esa cárcel en la que engendraría su obra capital, y una de las piedras fundamentales de la literatura de todos los tiempos: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605).



3. William Burroughs, repartiendo coimas en México


Huyendo de una posible condena en Louisiana por drogas, el entonces fumigador y pensionado de 37 años William Burroughs se mudó a México junto a su esposa Joan Vollmer y sus dos niños: Julie, la hija anterior de ella, y Billy, único descendiente de ambos. Joan era una estudiante que había conocido a Burroughs por intermedio de los escritores beatniks Jack Kerouac y Allen Ginsberg. Entablaron relación, él la sacó de una internación en el hospital Believue de New York, y luego tuvieron un hijo. Cuando la pareja llegó al domicilio sito en Orizabal 210 de Ciudad de México llevaban ya años transitando adicciones diversas (ella, a la bencedrina, él a la heroína; ambos, al alcohol).


Las versiones coinciden en que el 6 de septiembre de 1951 Burroughs concurrió con Vollmer al Bounty Bar de la calle Monterrey, en Colonia Roma. El objetivo del futuro escritor era vender un arma (casi por seguridad para comprar drogas), pero el interesado nunca apareció. Finalmente, ambos se dirigieron borrachos al departamento 10 del edificio de Monterrey 122, propiedad de John Healy. Allí Burroughs pidió hacer el acto de Guillermo Tell: colocó una copa de vidrio sobre la cabeza de su esposa, sacó la Star automática calibre .380 que no había podido vender, y le apuntó a la copa. Luego de presionar el gatillo la bala saliente impactó en la sien de Joan, quien moriría en el traslado a la Cruz Roja de Polanco, minutos más tarde. La copa, intacta, rodó hasta quedar debajo de la mesa, junto a cuatro botellas de ginebra Oso Negro vacías.


Burroughs fue detenido por asesinato y trasladado a la cárcel de Lecumberri. Tras sólo 13 días en prisión logró la liberación gracias a gestiones de su abogado Bernabé Jurado –aka «corruptor de jueces»– y a supuestas coimas convenientemente extendidas por su hermano, proveniente de Estados Unidos. En el prólogo de Queer (1985) cita el asesinato de su esposa y el encarcelamiento posterior como su nacimiento como escritor (antes había intentado una novela con Kerouac que no pudieron publicar, y había pasado todo 1950 intentando otro borrador, consumiendo heroína). «Todo me lleva a la atroz conclusión de que jamás habría sido escritor sin la muerte de Joan», escribirá luego William. El testimonio refiere que esos 13 días de encierro en México estructuraron lo que sería su primera novela, Junkie (1953, bajo el pseudónimo de Bull Lee), y le dieron forma al cambio de persona que utilizó para la segunda, Queer (editada treinta años más tarde, escrita sin uso de heroína).


Burroughs concurriría una vez por semana al juzgado mexicano, por unos meses. Recibiría las visitas de Kerouac y de Ginsberg. Y comenzaría a denominarse como escritor, incluso en cartas. Una posible reapertura de la causa y problemas con una acusación de asesinato de su abogado lo terminaron llevando a Estados Unidos, donde su causa de tráfico de drogas en New Orleans se reveló finalmente como no cursada. El destino le depararía otra huida y se dirigiría luego a Tanger, en donde concebiría su otra gran obra, El Almuerzo Desnudo (1959).